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5 junio, 2026
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Columnas

BARRERA DE SOL | YA LLOVIO

Manolo de la Laguna

En una de nuestras vacaciones veraniegas, paseábamos, en plenitud de la vida,  por la capital del país, acompañados de nuestro querido hermano Miguel Angel, quién ya había comprado los boletos para presenciar la novillada del 3 de agosto de 1997 en la plaza México, estando debidamente enterados de que un chaval español,  estaba despertando buenas espectativas para el toreo español, cuyo nombre era  (y es), Julián López Escobedo, a quien llamaban “El Juli”.

Ya en la plaza, ocupamos nuestra BARRERA DE SOL  con la compañía fraternal y una cerveza en la mano cada uno; se inició la novillada y todo transcurría con cierto aburrimiento, ya  habían regalado los alternanrtes algunos novillos y el final del festejo no píntaba nada bien.

De pronto anunció “El Juli” el obsequio de otro novillo, sería el número once de la tarde- noche  y afortunadamente estábamos sobrios como siempre; apareció con el nombre de “Feligres” de la ganadería de la Venta del Refugio, al que “El Juli” toreó estupendamente dadas las condiciones del utrero, logrando el indulto del mismo, ante la locura  del cónclave.

De ahí en adelante, Julián López metió en la canasta a la afición capitalina y más tarde a la afición española, que en esos momento ya requería una oxigenación de la fiesta, porque sus toreros ya estaban muy vistos y los tendidos en las plazas, muchas tardes se veían vacíos, siendo testigos de ello y por eso lo escribimos.

Esa tarde alternaron con el chaval quinceañero, los mexicanos Alberto Huerta y Gerado Goya, así como los españoles José Antonio Iniesta y el propio  ” Juli”, que después del escuchar el grito de ¡torero!, ¡torero! y haber derramado algunas lágrimas por su gran triunfo, fue sacado a hombros por la puerta grande de la monumental plaza de toros México, ante el delirio de la afición defeña, en ese tiempo.

Ya llovió, han pasado 30 año 30 de aquella noche y “El Juli” ya se retiró del oficio de torear reses bravas; antes de cortarse la coleta, se convirtió en propietario de una ganadería brava  donde, acompañado de su familia “mata” el tiempo,  al comprender, oportunamente y a las mil maravillas, el ahora don Julian Jr. que para torear y casarse, hay que arrimarse ¡joder!. Vale.

“es Andy

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