Un corazón se ha quebrado en lo secreto… y el cielo guarda silencio para escuchar…al autor del salmo 51
En la profundidad donde nadie aplaude
ni observa,
un hombre ha caído de rodillas
sobre el eco de su propia culpa.
No hay testigos,
pero hay lágrimas que conocen su nombre.
El polvo lo reconoce,
la noche lo cubre,
y el silencio…
el silencio grita lo que su boca no se atreve.
“Ten misericordia de mí…”
—no lo dice—
pero su pecho lo repite
como un tambor herido.
Sus manos tiemblan,
no por el frío…
sino por el peso de haber sido él mismo
quien rompió lo sagrado.
Y entonces…
no pide castigo,
no huye,
no se justifica…
se deshace.
Como barro bajo la lluvia,
como tinta que se derrama,
como alma que ya no puede sostener su propia máscara.
“Límpiame…”
—susurra su espíritu—
aunque sus labios permanezcan sellados.
Porque hay pecados
que no se confiesan con palabras,
sino con el derrumbe del orgullo.
Y en medio de ese quebranto…
algo sucede.
No hay trueno,
no hay voz audible,
no hay fuego que consuma…
solo un toque invisible
que no acusa…
sino que restaura.
Un soplo.
Como si el mismo cielo
se inclinara con ternura
sobre un corazón hecho cenizas.
Y ahí…
donde el hombre se rompió por dentro,
nace algo nuevo.
No perfecto,
pero limpio.
No digno,
pero amado.
Porque el arrepentimiento verdadero
no hace ruido…
pero sacude eternidades., lo acerca a Dios quien lo transforma y hace de Él, una nueva criatura. !!!
Antonio Anguiano, Primer iglesia Bautista de Gómez Palacio, Dgo.
