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1 junio, 2026
Juarez Al Dia
Palabras de Fe

Evangelismo en cárceles, una experiencia de vida

“El que no vive para servir, no sirve para vivir” es una de tantas frases célebres de la Madre Teresa de Calcuta, y que en lo personal me hace recordar el tiempo que estuve integrada a un grupo de personas que a la fecha sirven en el Ministerio de Cárceles en Ciudad Juárez, siendo estas las estaciones Babícora y Universidad, ambas con carácter de preventivas por depender de las autoridades municipales.

Este grupo pertenece a la Iglesia Palabra Viva Juárez y es apoyado por nuestro Pastor Roberto Tinoco. El hermano Marcos Salinas es quien lidera el grupo conformado por alrededor de 12 personas entre los que recuerdo con cariño a Rosario Quiñones, Rocío Hernández, Edwiges Jiménez, Lourdes Marín, Consuelo Cano, Adriana Carranza, el matrimonio conformado por Manuel y María Chávez, Oscar Corona y los dos más jóvenes del grupo Rocío Barojas y José Hinojos.

Cada semana, de acuerdo a los horarios que determine el alcaide o responsable del área de detención de las delegaciones de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, el grupo se divide en dos, a fin de hacer acto de presencia en el turno matutino y en el vespertino, sin dejar de lado que quienes participan en este programa deben dejar otros compromisos, incluso familiares para cumplir con el ministerio.

La dinámica consiste en llegar a la hora previamente establecida en coordinación con mandos de la policía preventiva de las estaciones Babícora y Universidad, para entrar en grupo.

Nuestra presencia no pasa inadvertida para los detenidos, algunos de los que se muestran desconfiados, otros temerosos y algunos más con simulada indiferencia, y obvio, algún apático.

Lo primeo que hay que hacer es presentarnos ante los detenidos e informarles del motivo de nuestra visita. Una vez que se capta la atención se da un breve mensaje de aliento, cuidando que la palabra de Dios sea escuchada, pero buscando evitar que erróneamente sea interpretada por alguien como un fanatismo religioso,

Tremendo momento son los primeros minutos al pararse al frente y ver la respuesta que no siempre es aceptada al cien. Conforme vamos hablando, se van haciendo sensibles a recibir la palabra y eso, -les comento- es un momento de verdad indescriptible, difícil de narrar en pocas palabras, pero que es aprovechado al máximo para tener un acercamiento y un diálogo más en corto con hombres y mujeres que durante nuestra visita se encuentren detenidos.

Aunque las más de las veces la mayoría de las personas son receptivas, nunca falta quien muestre dureza y no se nos acerca, pero igual no puede evitar oírnos, porque, aunque sea de lejos a veces también están poniendo atención al mensaje, no solamente escuchan. Claro que una situación de estas no detiene el objetivo de nuestra visita, y menos cuando vemos que se cumple lo que dice la biblia en Isaías 55.11   Así será mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mi vacía, sino hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello que yo quiero.

Luego de terminar de darles el mensaje apegado al Evangelio, se les reparte jugo, donas, burritos o algún otro alimento.

Con esto termina de romperse el hielo y la mayoría se nos acerca y pide oración por alguna necesidad específica y comienzan a contarnos “su historia y el por qué están ahí”. Algunos nos piden que les hagamos alguna llamada a sus familiares y nos proporcionan sus números telefónicos.

No es lo mismo que te platique alguien de una visita a esos lugares, a vivir uno mismo la experiencia. A mí en lo particular, la primera vez que acudí con el grupo fue a la estación Babícora, lo cual me resulto muy difícil, fue algo demasiado fuerte, ya que me tocó platicar con una jovencita hermosa, de 17 años de edad, que nos permitió que oráramos por ella y pidiéndole a Dios que nunca volviera a caer ahí. Su nombre nunca se me olvidará y le prometí que aunque nunca jamás la volviera a ver en mi vida, estará en mis oraciones.

Al salir de ahí no pude contener mis lágrimas, pensando en las jovencitas de mi familia que me venían a la memoria y pidiéndole a Dios nunca se vean en un caso parecido. Tal fué mi impacto que me sobrevino un fuerte dolor de cabeza. Pensé en esos momentos que no podría haber una segunda vez, y que ese sería mi debut y despedida en el Ministerio de Cárceles. Afortunadamente no fue así. Por cierto, el nombre de esta chica es América, (y la sigo recordando en mis oraciones).

Cada persona con la que se platica en una visita a las delegaciones policiacas, es una historia diferente. Cambian los nombres y las personas, pero en la mayoría de los casos prevalece una constante: la necesidad de una palabra de aliento que les ayude a reconfortar un poco su estado de ánimo, en muchas ocasiones por los suelos por el momento que están viviendo.

Afortunadamente vemos que en la mayoría de las veces sí les ayuda de algo el mensaje que con nuestra visita se les hizo llegar, y eso nos hace sentir seguros de que vale la pena el tiempo invertido ahí y el continuar con esta actividad.

Recuerdo a nuestro líder Marco Salinas que siempre nos enfatizaba “Ustedes no saben el efecto que pueda tener una palabra a través de esas rejas, una sola palabra”.

Y también me hace recordar a otro gran líder que compartió su tiempo como Pastor de la Iglesia Vida Nueva y el Ministerio de Cárceles, el hermano García (q.e.p.d.)  que evangelizó por años en el Centro de Reinserción Social número 3 mejor conocido como el CeReSo de Ciudad Juárez, un penal estatal, en el que a diferencia de las celdas de las delegaciones de la policía municipal, en este la población carcelaria cumple condena por delitos del fuero común o federal.

El famoso Pastor Lalo nos decía “si le hablamos a cien reos, y con uno, tan solo uno que se salve, esto valdrá la pena”.

!Con esto me quedo!

Martha Baydón

juarezaldia.com

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