
Ahora sí, como dijo en su rola ochentera el finado cantautor español Luis Eduardo Aute, me pasa que este mundo no lo entiendo.
Viene a colación por el agarrón político que se traen los dos crucistas (seguidores y aliados en el proyecto político del alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar) que se disputan, el derecho a la permanencia en el estrado de la política en el Congreso de la Unión:
La aguerrida abogada laboralista y diputada federal, Susana Prieto Terrazas, que puso en algún momento hace tiempo en jaque a las maquiladoras, que quiere en su propuesta de San Lázaro, recortar la jornada laboral de los trabajadores de 48 a 40 horas, y la oposición del senador, también morenista, el empresario Rafael Espino de la Peña, que dijo, que lo de su compañera legisladora, es una “propuesta irresponsable”.

Indecorosa, indecente, obscena y grosera, entre muchos de los sinónimos del tumbaburros.
¿Con quién ir? o ¿Pa’donde jalar?, en la vorágine de los deseos y querencias de dos personajes de la política que, al interior del partido de la izquierda -el partido del presidente Andrés Manuel Lopez Obrador- se traen una ‘fiesta’ sabrosa en torno al futuro inmediato de las medianas y pequeñas empresas, que otorgan el 70 por ciento de las plazas laborales en todo el país.
Y créalo, no es una pelea callejera de los barrios, de esas de los arrabales, en las colonias periféricas más pobres y miserables y sin ley, donde los habitantes se juegan todos los días el pellejo por ganarse el pan y sobrevivir, sino una batalla de propuestas que afectarán, quiérase o no, la vida laboral de los trabajadores y de las empresas;
En esas, en que todos los días un ejércitode obreros de la maquiladora -para ser más explícito- trabajan día y noche, sin ver el sol y sobreviven como autómatas en medio de las máquinas y la tecnología de los procesos de producción en los gigantes de la manufactura, que paradójicamente, contra las millonarias ganancias en el mundo de la globalización, los ha hecho más pobres.
Es decir, que contra algunas contadísimas excepciones de algunos que ganan bien, la masa de los obreros de la maquiladora y los trabajadores en tiendas de servicio y comercios, siguen ‘jodidos’.

//Ay amor mío, qué terriblemente absurdo es estar vivo, sin el alma de tu cuerpo sin tu latido//, seguí mentalmente la letra y los tonos de Do Mayor, La Menor, Re Menor, Sol y Fa Mayor, de los dedos que desplazaba el hombre ciego de la guitarra -que vive de la caridad de los comensales -que cada mañana se hartan de tacos de cachete, sesos y ojos.
Y que ayer por la mañana, tocaba la lira – recargado como todos los días, de domingo a domingo, y de sol a sol, guitarra en mano y sobre la cintura atado a su cinto el bote del tamaño de un vaso, donde caen las monedas y de vez, en vez, uno que otro billete- en el camión de los tacos de la barbacha en el exterior de un centro comercial de la ciudad.
Me ‘fusilé’, mientras me devoraba unos tacos de ojo y sesos, los tonos que llevaba ‘Sin tu latido’ que cantaba el viejo, que desplazaba con gran maestría sus dedos sobre las cuerdas, y con el capo sobre el segundo traste del brazo de la guitarra.
Y desperté así esta mañana de sábado, con pesadillas, entre los absurdos de la política y de los políticos, que como dijo Luis Eduardo Aute en su canción que fue un éxito de la trova “lo que me pasa es que este mundo, no lo entiendo…”
***Bon Appetit es una columna coloquial de tema único que se difunde los sábados en el sitio digital Politikkon.MX bajo la autoría del periodista Mario Héctor Silva, que escribe la columna política Torre Fuerte.
