Por: Mario Héctor Silva
TORRE FUERTE
- Genio y figura, hasta el final

Las anécdotas que se cuentan sobre su vida pública y privada son inconmensurables, se cuentan como las estrellas del cielo o como la arena del mar;
Quizás como las innumerables coronas hechas llegar a Tetolandia, de viejos conocidos y políticos, que fueron colocadas por todas partes, y a lo largo del Belle Jardín, que une uno de los múltiples salones de La Cité con la casa que Teto Murguía construyó exprofeso, como su refugio, donde pasaba largas horas atendiendo los negocios y la política.
Hace 30 años, sobre uno de esos salones -al lado de la casa que fue utilizada como un espacio exclusivo por el dos veces ex alcalde, senador y diputado- el war room de las cosas de la política, que, si las paredes hablaran, por igual que el sitio conocido como el viejo Bunker, revelarían muchos de los secretos que Teto decidió llevarse al cielo.

Y la pasarela de políticos, amigos y gobernantes, de todos los tiempos, desde que Teto se aventuró a la grilla, y se convirtió en candidato al senado en 1994, tuvo en el Fiscal General, César Jáuregui, el Secretario General de Gobierno, Santiago de la Peña, que llevó los respetos y condolencias de la gobernadora María Eugenia Campos y en Carlos Manuel Salas -el Fiscal de Distrito, que alguna vez fue su coordinador de gabinete en la gestión 2004-2007- el desfile de toda la clase política.
Bastaba pararse sobre los pasillos, el jardín, en la sala especial, donde fueron colocadas fotografías de las actividades del animal político de Juárez, o en la sala de Tetolandia, donde Teto recibió por última vez a sus amigos, para percibir el ‘olor’ de la política, de los políticos y de la cosa pública.

En los jardines se escuchaba la música instrumental de Imagine, del beatle John Lennon y A mi manera, de Paul Anka, que la hizo famosa a partir de finales de los sesenta (1969).
Con todas las reservas, su velación se convirtió en una ‘fiesta’ y seguramente Teto así lo aprobó desde el cielo;
Porque, uno a uno; del PRI, del PAN y de muchos otros partidos y colores, llegaron los viejos rostros de la política a encontrarse con el ex alcalde y a rendirle los respetos a sus hijos Héctor e Isabel y a su madre Patricia Murguía, que parados frente al féretro -que se encontraba atiborrado y cubierto de coronas- mostraron sus afectos y recordaron todas aquellas historias que los unieron alguna vez al político que ha gobernado la mayor cantidad de años Ciudad Juárez: seis en dos épocas distintas de la cité que Teto amaba.
El piano clásico, que Teto compró “porque le gustaba tocar el piano”, aunque solo se sabía algunas piezas, como la Polonesa, porque era “empírico”, para ponerlo justo en la sala que fue utilizada para su velación, fue retirado para recibir a decenas y centenares de personas que fueron a despedirlo.
Enrique Serrano y Alfredo Urías, entre los expresidentes emanados del PRI, sus hermanos Luis y Daniel Murguía, viejos amigos y conocidos como Enrique Licón y Maurilio Fuentes, el doctor Jorge Olmos, el primo Carlos Murguía Chávez, Vicky Caraveo;
Y hasta la diputada federal petista, Lilia Aguilar Gil, la hija de Rubén Aguilar, que me contó en un impasse, que los líderes del PT que lo habían invitado y registrado como candidato y aspirante al Senado querían haber estado presentes, pero que, eso sí, “mandaron sus coronas”, dijo refiriéndose a Beto Anaya y a Gerardo Fernández Noroña.

Decenas de guardias por doquier en el exterior e interior del complejo de la Cité. Todo en orden y bajo la jerarquía de la familia, porque se le rendían las honras al hombre que en política y negocios puso en alto el apellido de los Murguía.
Su padre Don Héctor Murguía Valdés (Hecmur) que contemplaba la escena desde el cielo, estaba contento, satisfecho.
Patita, la hija de Teto que trascendió también hace unos cuantos años, de la mano del abuelo, estaba feliz.
Pudo de nueva cuenta abrazar a su padre, sonreír y llorar, porque la felicidad la embargaba.
Unía igualmente al hijo con el padre, y don Hecmur esbozó una sonrisa.
Los tres estaban felices, y el ambiente se podía sentir en los jardines y en la sala de Tetolandia.
Y Teto fue, siempre, desde su nacimiento, niñez, juventud y edad adulta, porque así lo cuentan, genio y figura…
Hombre prolífico y controvertido, apasionado y enamorado de la política y siempre muy cercano a la gente, cumplió con su última visita a Tetolandia.
Posdata: Quiso este periodista hacer de Torre Fuerte, columna temática, un espacio especial de tema único en la edición de este viernes por la importancia del personaje político.
Mario Héctor Silva
Periodista y Analista Político, autor de la reconocida columna La Torre Fuerte
