16 abril, 2026
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Bon Appetit | Mil sonrisas, Dios lo hace posible

Por:  Mario Héctor Silva (Periodista y Analista Político)

Nada más noble, más hermoso y más humano que ver el rostro de un niño lleno de amor y rebosante de felicidad.

Lo vivió este periodista en carne propia aquella mañana del 31 de julio de 1994, el día que nació mi amada hija Michelle, y se convirtió en medio de la ‘crisis’ y el profundo dolor, paradójicamente, en una bendición y en un milagro de Dios.

Mi hija había nacido con labio leporino y paladar hendido, su rostro sin nariz y sin boca, en uno de los casos más extremos y quizá pocas veces vistos, que me llevó esa misma mañana a pensar en la posibilidad de quitarme la vida. ¡Quería morir!.

¿Por qué a mí?, ¿por qué yo?, que había hecho, le reclamé en mi interior a Dios.

Le confieso carísimo lector, que esa media mañana quise arrojarme a los carros, porque pensé que no tenía sentido ya vivir. Era mi primera hija y había llegado en esa condición, y miles de pensamientos negativos me acosaron durante muchos días.

Pero lo extraordinario llegó, debo confesarlo ahora, de la mano de Dios. Este periodista no tenía un centavo y vivíamos bajo la gracia.

Un regalo para la vida de Michelle que fue atendida por uno de los más talentosos y extraordinarios especialistas de labio leporino y paladar hendido en El Paso, Texas.

El doctor Robert Thering estaba en la tercera edad, casi en edad senil, pero sus manos eran maravillosas, porque estaban en el plan del creador de la vida.

Previo a ello, fueron muchas las horas, los días, las semanas y los años de sufrimiento y dolor, de resiliencia que cambiaron a paso del tiempo la vida de mi pequeña hija y mi vida.

El doctor Thering, y un grupo multidisciplinario de médicos que ejercían, transformaron la vida de una niña, adolescente y mujer, que no sólo cambió su rostro, sino que se convirtió en una talentosa y virtuosa del arte en la ciudad.

No sé cuántas veces tuve que dormir en una de las salas de espera en el área de infantes del Hospital Providencia, pero sabía que allí estaba mi valiente hija, a la que en pocos meses de nacida le practicaron cualquier cantidad de operaciones para cerrar su labio y atender el paladar.

Le habíamos confiado a Dios la vida de Michelle y ocurrió el milagro, aunque no fue pronto.

Luego llegó la escuela, los tiempos de la niñez y la adolescencia en la high school y la urgente atención de los huesos de la dentadura que tampoco existían.

Pasaron meses y años, un día con el doctor y el otro también, mientras la mano de Dios se extendía y moldeaba el rostro de mi hija.

Viajes a San Antonio, Texas, para lo que sería la aparición de los huesos y los dientes, y veía el milagro ocurrir.

Hoy disfruto de los nuevos momentos, la nueva vida de Michelle que se convirtió en toda una artista, que dejó su juventud en los ensayos de violín porque era una distinguida estudiante de la Orquesta de Jóvenes de El Paso, Texas. Pero eso no fue todo.

Sin fisura alguna y con un rostro bello y una voz angelical, porque no había en ella secuela alguna de las muchas operaciones de labio y paladar hendido, Michelle ha sido invitada a cantar a capela en varios partidos de béisbol profesional en el Southwest University Park, allí donde juegan los Chihuahua’s.

Sus trabajos de pintura y la expresión en ellos, han sido ‘testigo vivo’ en banquetas y calles de El Paso y Nuevo Mexico.

Hace un par de días un viejo amigo periodista me pidió incluir el tema de ayuda a la niñez en esas condiciones en la columna política, le dije que SÍ y le prometí ese espacio.

Pero le dije a mi buen Sergio Belmonte, que le daría tinta y espacio en Bon Appetit, que es una columna de temas coloquiales.

Me informó que los socios e integrantes del Club Rotario ‘Paso del Norte’ traerán al italiano Francesco Attesti para un concierto de piano, y cuyos recursos serán canalizados para atender a los niños que nacen bajo la misma condición en que nació mi hija.

El concierto será el próximo día 10 de noviembre en el Teatro Víctor Hugo Rascón Banda del Centro Cultural.

Y ahora le digo carísimo amigo, que cualquiera que sea el precio a pagar es nada, frente al milagro de la sonrisa y de la vida.

Lo puedo decir, porque lo viví durante varias décadas, y vale la pena darlo todo por los niños, que son ángeles de Dios.

El programa ‘Mil Sonrisas’ que lleva 25 años, ofrece la posibilidad de regresarle la sonrisa a cientos y miles de niños mediante la operación de malformaciones de labio leporino.

Ha cambiado la vida de 1,400 niños, y el milagro simplemente ocurre porque es obra de Dios.

Todos a apoyar esta noble causa a favor de la salud de nuestros niños…

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