16 abril, 2026
Juarez Al Dia
Palabras de Fe

¿Quién se robó la navidad?

Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin Lucas 1:30-33

Mientras las mujeres en la cocina se esmeraban en la preparación de los platillos, incluyendo postres para la cena de navidad, en la sala hombres de mediana edad y otros que años atrás dejaron “sus mejores tiempos” y se sumaron al grupo de senectos, platicaban sobre temas diversos.

Los niños con la energía y alegría característica de quienes disfrutan de la vida sin preocupaciones jugaban expectantes en espera de la hora de abrir los regalos colocados alrededor de un árbol con adornos y luces multicolor.

El diálogo de los adultos se vió interrumpido por una vocecita que en tono firme cuestionaba al mayo

r de quienes se encontraban en la sala. ¡Abuelo, abuelo!, ¿cuándo tú eras niño también había navidad?,

La pregunta no pasó desapercibida para los otros menores que también empezaron a pedirle al anciano que les contara sobre las festividades navideñas en su niñez.

Tras un profundo suspiro al que antecedió un breve lapso de silencio, dijo: no solamente cuando yo era niño, también cuando mis abuelos lo fueron y los abuelos de ellos niños también lo fueron, las familias se reunían como ahora, pero las celebraciones eran muy, muy diferentes, agregó con un dejo de nostalgia.

Los adultos también se acercaron a escuchar la plática del abuelo y, acercaron sillas en torno a los niños para escuchar lo que el anciano decía.

En aquella época la esencia era rememorar el nacimiento de Jesús, la mejor noticia que jamás habremos de recibir porque Él vino al mundo a redimirnos, para morir en la cruz por nuestros pecados para que tengamos vida eterna, les dijo.

Les aclaró que las festividades entonces no eran tan opulentas ni los regalos eran la prioridad. Ahora el regalar parece que se ha convertido en una forma de decir te quiero, o tristemente de “comprar” cariño de nuestros seres queridos, por ello hay quienes cada navidad buscan dar los regalos más caros, agregó.

Habló de la simpleza de los regalos que en su niñez se recibían, como carritos de madera, canicas de vidrio, pelotas, trompos, baleros, muñecas de trapo y plástico para las niñas y, en el caso de los más afortunados, patines de cuatro ruedas y bicicletas, entre otros.

La nostalgia se hizo patente en las palabras del abuelo que casi a las diez de la noche ya se estaba desvelando, pues cuando menos una hora antes acostumbraba estar ya en los brazos de Morfeo.

Les narró la tradición de las posadas, una celebración que se hacía del 16 al 24 de diciembre, que  consiste en llevar cada día a un domicilio diferente un par de imágenes de barro que representaban a María y José en su peregrinar en vísperas del nacimiento de Jesús, tras su salida de Nazaret en camino a Belén. Esto es a lo que se le llama [pedir posada=

Lo que el viejo no dijo, es que de acuerdo a algunos historiadores esta festividad llegó a México en el siglo XVIII y, con ella paulatinamente se logró sustituir el rito de los aztecas que se realizaba del 6 al 26 de diciembre para celebrar el advenimiento de Huitzilopochtli, a quien consideraban el dios de la guerra.

Los evangelizadores europeos aprovecharon que las fechas tenían cierta coincidencia con la navidad que ellos celebraban, así que la festividad de los aztecas y otras tribus, fue cambiando año tras año.

Prácticamente desde sus inicios esta conmemoración fue pagana, toda vez que aunque no dejó de realizarse en las iglesias, pasó a tomar más fuerza en los barrios y en las casas, y la música religiosa fue sustituida por el canto popular y con ello muchos incluyeron la ingesta de bebidas alcohólicas.

El anciano dijo a sus oyentes que durante las posadas, en el peregrinar de María y José se hacía notar las penurias por las que ellos tuvieron que pasar hasta encontrar alojamiento en un establo de Belén, en donde nació Jesús, nuestro Redentor.

También les dijo que Jesús, como hijo de Dios pudo haber nacido en un palacio y en la opulencia, pero al hacerlo en un pesebre fue una muestra de humildad, toda vez que de esa manera, sin distingos de condición social hasta el más pobre entre los pobres tuvo acceso a Él y posteriormente a la palabra de Dios. Los pastores y la gente pobre no habrían podido acercarse a Él sí Jesús hubiera nacido en un palacio, recalcó.

Otra vocecita se dejó escuchar para cuestionar al anciano. ¿Abuelo, tú conociste a Santa Claus? preguntó una niña de unos 6 años de edad.

La respuesta tardó un rato en llegar, el anciano guardó silencio meditando lo que iba a contestar. Los niños y sus padres permanecieron expectantes en espera de la respuesta.

Mi niña -dijo el abuelo- cuando yo tenía tu edad nuestros padres nos mandaban a dormir antes de la media noche y al despertar los regalos ya estaban junto al árbol o a un lado de la cama. Ahora las cosas son muy diferentes, desde días antes los regalos ya están envueltos en papel con motivos navideños y con el nombre de quien lo recibirá, ya no hay que esperar el amanecer del 25 de diciembre, que es el día que la tradición fijó como el del nacimiento de Jesús, aunque en ninguna parte de la Biblia se menciona esa o alguna otra fecha de tan importante acontecimiento.

Los padres de los menores dedujeron que el abuelo no había querido generar confusión alguna sobre la verdadera esencia de la navidad, y que obviamente no es solamente una celebración controlada por mercadólogos y publicistas para incentivar el consumismo desmedido, ya que la época navideña es cuando los mercados mundiales de bienes y servicios registran el mayor volúmen de ventas de todo el año.

Y es que el abuelo también calló que el festejo navideño es derivado de una celebración que en el siglo II de nuestra era se popularizó en los países escandinavos y que estaba asociada al equinoccio de invierno y después llegó a Roma.

También les ocultó que el Santa Claus tuvo su origen en un monje turco de nombre Nicolás de Bari, poseedor de una fortuna familiar que le permitía hacer regalos a los pobres y los niños y tras su muerte, el 6 de diciembre del año 345, por la cercana de ésa fecha con la Navidad, se convirtió en el personaje perfecto para la época.

En 1087 los restos de Nicolás de Bari fueron trasladados a Italia y en el siglo XII crece la tradición del llamado papá Noel.

De Europa, principalmente inmigrantes holandeses llevaron la leyenda de san Nicolás a Estados Unidos, en donde el personaje se transformó en Santa Claus. En un principio este era de muy baja estatura y vestía de verde, en la segunda mitad del siglo XVIII el personaje se transformó a la imagen que predomina actualmente. Además se le añadió esposa, un hogar en el polo norte, cientos de duendecillos como sus colaboradores y un trineo volador tirado por renos, entre otras cosas.

Lo que el anciano si les dijo es que para los creyentes en Dios la Natividad del Señor es un momento de regocijo y reflexión al celebrar reunidos en familia el nacimiento del Mesías, nuestro Salvador y no solamente una reunión con música, regalos, bebidas y comida como acostumbra mucha gente, agregó bajando el tono de su voz.

Esto no paso desapercibido para el mayor de los nietos que preguntó, entonces, ¿quién se robó la navidad?

La respuesta no la dió el abuelo que se quedó un tanto desconcertado ante el cuestionamiento, sino el padre del adolescente, quien resumió: la gente que ha relajado su fé en Cristo y ha puesto a Jesús en segundo termino en esta celebración que debe ser esencial en nuestra vida terrenal. Nuestra gratitud por su nacimiento debe ser manifiesta no solamente en navidad, sino siempre porque el hijo de Dios se hizo hombre para el perdón de nuestros pecados, la oportunidad de ser salvos y la vida eterna con Dios como nuestro Señor y Salvador.

Para ejemplificar que se ha ido perdiendo la esencia de la navidad, recordé que alguien escribió lo siguiente:

El Sueño de María

José, anoche tuve un sueño, no sé cómo interpretarlo. Se trataba de un festejo, millones de personas en el mundo se preparaban con mucha anticipación decorando sus casas, comprando ropas nuevas y muchos regalos. Creo que se trataba de la celebración del cumpleaños de nuestro Hijo. La frase ¡Feliz navidad! se veía por todas partes.

En la mayoría de las casas había un árbol con bolas de colores en sus ramas y luces brillantes, en lo más alto una figura que parecía un angelito. Debajo del árbol había gran cantidad de regalos envueltos en finos y coloridos papeles, con cintas y lazos. Era extraño ver un árbol dentro de una casa.

Todos estaban muy felices. Luego llegó el momento de repartir los regalos, pero me llamó la atención que para nuestro Hijo no había ninguno, ni tampoco, como es costumbre, nadie cantó el ¡Feliz cumpleaños!

¿No te parece muy raro, José, que la gente se tome tanto trabajo para celebrar el cumpleaños de alguien a quien ni siquiera conocen, y si lo conocen, que no esté presente? Es muy raro ¿verdad?

Qué triste debe ser para Jesús no estar invitado a su propia fiesta de cumpleaños.

“¡Cuán grande fue mi alegría, cuando desperté y me di cuenta de que todo había sido un sueño! ¡Qué terrible sería si esto fuera real!

Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan 1:14

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