En 1982, la construcción de la hidroeléctrica más grande del mundo provocó una inundación masiva que puso en jaque a la fauna local. Ante la catástrofe ecológica inminente, un ingeniero paraguayo y su ejército de jóvenes rescatistas protagonizaron “Mymba Kuéra” (“los animales”), una carrera contra el tiempo que se convirtió en el mayor rescate de fauna silvestre en la historia de América Latina.
El nacimiento de un gigante y una amenaza mortal
Tras nueve años de obras entre Paraguay y Brasil, las compuertas de la colosal represa de Itaipú se cerraron el 13 de octubre de 1982. El agua del río Paraná comenzó a subir con rapidez para llenar un embalse de
1,350 kilómetros cuadrados.
El problema era mayúsculo: la zona que quedaría sumergida formaba parte del Bosque Atlántico, uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad del planeta. Bajo el liderazgo del ingeniero agrónomo Darío Pérez Chena, de entonces 43 años, un equipo compuesto por 189 rescatistas se lanzó a las aguas en una misión sin precedentes.
Tácticas y desafíos de una aventura extrema
Con motores de lancha hoy considerados piezas de museo y radios antiguas, el equipo patrullaba el embalse mientras el nivel del agua alcanzaba picos dramáticos, rescatando hasta 600 animales en un solo día.
El operativo destacó por sus particulares dinámicas de supervivencia:
- Solo para no nadadores: Especies como el jaguar cruzaron el río por su cuenta, pero los monos se agotaban rápido y las aves se quedaban atrapadas al mojarse sus plumas. Indefensos por el pánico, eran capturados fácilmente con redes.
- Peligro constante: El 45% de los animales rescatados fueron serpientes, y la mitad de ellas eran altamente venenosas. Cada lancha cargaba kits de suero antiofídico para emergencias médicas.
- Criterio de selección: El personal de rescate estaba integrado por jóvenes de no más de 45 años con excelente vista, oído agudo y destreza en natación.
El balance de un récord histórico
Para el 10 de enero de 1983, la misión concluyó con un éxito rotundo y saldo blanco de accidentes graves. En total, el lado paraguayo salvó a 27,150 ejemplares, que sumados a los 11,000 del lado brasileño fijaron un récord sudamericano de casi 39,000 animales rescatados.
La mayoría de los ejemplares fueron reubicados en 100,000 hectáreas de áreas protegidas. Los animales también impulsaron la ciencia global: cientos de víboras se enviaron a São Paulo para producir antídotos y varios armadillos —resistentes a la lepra— viajaron a Tokio para estudios médicos. Aunque Pérez Chena reconoció que la inexperiencia cobró la vida de especies subterráneas e insectos, el orgullo de haber sido pioneros ecologistas sigue intacto.
